En un acto francamente inconsecuente, el IFE (Instituto Federal Electoral) ha organizado una precampaña electoral difundida en los medios masivos de comunicación. La disputa reciente que suscitó a partir de esto fue muy polémica, debido a la pérdida monetaria que este acto gubernamental podría conllevar. 
La orden explícita que dictó esta institución fue que cada hora debían transmitirse, en televisión y radio, entre otros, tres minutos de spots publicitarios de los partidos políticos que conciernen las futuras elecciones. Por supuesto, estas transferencias no son remuneradas en ningún sentido; los medios deben simplemente, por ley, pasar los spots cada sesenta minutos. Lo que la ley sin embargo no dicta, es cuándo deben ser transmitidos estos comerciales. Así, en un intento por manifestar su discordia, la televisión y otros medios decidieron pasar los tres minutos seguidos y en medio de la transmisión del programa. La semana pasada fue específicamente en el Súper Tazón, en que, en medio del furor de millones de espectadores esperando el touchdown, pusieron los mensajes estatales que, por lo demás, eran objetivamente malos y aburridos.
Así es como se creó una confrontación entre los enfadados medios de comunicación, el IFE, y, finalmente, los espectadores que se sienten pasados a llevar.
Personalmente, me parece que, por un lado, la gente debe informarse de las opciones de elección y como en sociedad vivimos al tanto de los medios masivos, la mejor manera de llegar al público con un mensaje que nos ataña a todos, es esa. Sin embargo, las empresas privadas de televisión, radio y otros medios de difusión no tienen una responsabilidad estatal ni consideran propio de sus derechos tener que renunciar a la alta paga de los spots publicitarios de otras empresas con las cuales, por lo demás, ya tienen contratos, porque el gobierno necesita difundir un mensaje. No obstante, me parece que algo tan importante como la futura representación de un país es algo que involucra a toda la población de una nación, por eso debería cesar el conflicto llegando a un acuerdo en que todos los extremos pongan algo de su parte: que el IFE no sea tan estricto con su demanda; que los medios de comunicación sacrifiquen parte de su aporte monetario por un bien común, y que la población mexicana entienda que escuchar lo que el gobierno tiene que decir es siempre algo a lo que hay que darle prioridad. Seguramente en estos términos, se puede llegar a un acuerdo.

La orden explícita que dictó esta institución fue que cada hora debían transmitirse, en televisión y radio, entre otros, tres minutos de spots publicitarios de los partidos políticos que conciernen las futuras elecciones. Por supuesto, estas transferencias no son remuneradas en ningún sentido; los medios deben simplemente, por ley, pasar los spots cada sesenta minutos. Lo que la ley sin embargo no dicta, es cuándo deben ser transmitidos estos comerciales. Así, en un intento por manifestar su discordia, la televisión y otros medios decidieron pasar los tres minutos seguidos y en medio de la transmisión del programa. La semana pasada fue específicamente en el Súper Tazón, en que, en medio del furor de millones de espectadores esperando el touchdown, pusieron los mensajes estatales que, por lo demás, eran objetivamente malos y aburridos.
Así es como se creó una confrontación entre los enfadados medios de comunicación, el IFE, y, finalmente, los espectadores que se sienten pasados a llevar.
Personalmente, me parece que, por un lado, la gente debe informarse de las opciones de elección y como en sociedad vivimos al tanto de los medios masivos, la mejor manera de llegar al público con un mensaje que nos ataña a todos, es esa. Sin embargo, las empresas privadas de televisión, radio y otros medios de difusión no tienen una responsabilidad estatal ni consideran propio de sus derechos tener que renunciar a la alta paga de los spots publicitarios de otras empresas con las cuales, por lo demás, ya tienen contratos, porque el gobierno necesita difundir un mensaje. No obstante, me parece que algo tan importante como la futura representación de un país es algo que involucra a toda la población de una nación, por eso debería cesar el conflicto llegando a un acuerdo en que todos los extremos pongan algo de su parte: que el IFE no sea tan estricto con su demanda; que los medios de comunicación sacrifiquen parte de su aporte monetario por un bien común, y que la población mexicana entienda que escuchar lo que el gobierno tiene que decir es siempre algo a lo que hay que darle prioridad. Seguramente en estos términos, se puede llegar a un acuerdo.
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