lunes, 9 de febrero de 2009

Comunicación Política: debate IFE

En un acto francamente inconsecuente, el IFE (Instituto Federal Electoral) ha organizado una precampaña electoral difundida en los medios masivos de comunicación. La disputa reciente que suscitó a partir de esto fue muy polémica, debido a la pérdida monetaria que este acto gubernamental podría conllevar.
La orden explícita que dictó esta institución fue que cada hora debían transmitirse, en televisión y radio, entre otros, tres minutos de spots publicitarios de los partidos políticos que conciernen las futuras elecciones. Por supuesto, estas transferencias no son remuneradas en ningún sentido; los medios deben simplemente, por ley, pasar los spots cada sesenta minutos. Lo que la ley sin embargo no dicta, es cuándo deben ser transmitidos estos comerciales. Así, en un intento por manifestar su discordia, la televisión y otros medios decidieron pasar los tres minutos seguidos y en medio de la transmisión del programa. La semana pasada fue específicamente en el Súper Tazón, en que, en medio del furor de millones de espectadores esperando el touchdown, pusieron los mensajes estatales que, por lo demás, eran objetivamente malos y aburridos.
Así es como se creó una confrontación entre los enfadados medios de comunicación, el IFE, y, finalmente, los espectadores que se sienten pasados a llevar.
Personalmente, me parece que, por un lado, la gente debe informarse de las opciones de elección y como en sociedad vivimos al tanto de los medios masivos, la mejor manera de llegar al público con un mensaje que nos ataña a todos, es esa. Sin embargo, las empresas privadas de televisión, radio y otros medios de difusión no tienen una responsabilidad estatal ni consideran propio de sus derechos tener que renunciar a la alta paga de los spots publicitarios de otras empresas con las cuales, por lo demás, ya tienen contratos, porque el gobierno necesita difundir un mensaje. No obstante, me parece que algo tan importante como la futura representación de un país es algo que involucra a toda la población de una nación, por eso debería cesar el conflicto llegando a un acuerdo en que todos los extremos pongan algo de su parte: que el IFE no sea tan estricto con su demanda; que los medios de comunicación sacrifiquen parte de su aporte monetario por un bien común, y que la población mexicana entienda que escuchar lo que el gobierno tiene que decir es siempre algo a lo que hay que darle prioridad. Seguramente en estos términos, se puede llegar a un acuerdo.

Televisión - MadMen


En el corazón de Manhattan, el tormentoso pero apacible Don Draper es la cabeza creativa de una gran compañía de publicidad en los años 60’. Acompañado siempre por un cigarro, disputa constantemente entre su propia felicidad, enmascarada por una perfecta familia en los suburbios de la ciudad, y el buscar el bienestar y tranquilidad del pueblo de Estados Unidos a través de los productos que trata de vender.
Un impecable guión hace de esta serial un ejemplo exacto de un drama. Este género, como lo concebimos hoy, es una serie de conflictos que se presentan de forma seria y, en algunos casos, trágica por medio de un diálogo. Según lo que hemos visto en clase de Cultura Mediática, clasifiqué esta serial como tal, ya que su tema tratado es de esa índole, siendo muy potente el conflicto entre los personajes y el choque entre la mentira y la verdad.
La temática está centrada en la publicidad como industria, recientemente consolidada como tal tras el boom de la segunda guerra mundial, creando necesidades para las amas de casa y la gente, y buscando los mejores métodos para venderlas. Lo interesante es que ésta búsqueda que hace Draper, se prolonga hasta su vida personal, tratando de venderse a sí mismo la felicidad que conllevan los perfectos productos que rodean su vida.
Es sin duda una serial, ya que al finalizar cada capítulo, que es una prolongación del anterior, deja al espectador en el Cliff hanger, o sea, con las ganas de ver el siguiente capítulo.
Los siguientes pasos de la transmisión serían, tal como otros programas del mismo estilo, esperar una respuesta positiva del público y continuar con la dinámica de serial, con la que ya funciona ahora. Y considerando que ya tiene un Globo de Oro en su espalda, es de esperar que dure más tiempo sin resolverse el conflicto principal.
En definitiva, esta clara muestra del mundo interno de la competencia laboral del campo de la publicidad es un perfecto ejemplo para nosotros, comunicólogos futuros, ya que nos da una cierta imagen, si bien no contingente, de que la comunicación, en el fondo, acarrea mucho más que sentirse parte de un medio, sino también la ferocidad que este conlleva.

viernes, 6 de febrero de 2009

Aproximación a la Cultura Mediática



Entorno y Cultura Mediátican (1,2)

Llego a mi casa. Prendo la televisión, y me embargan fosforescentes imágenes de vidas volátiles de Estados Unidos, noticias extranjeras y sintéticos cuerpos. Pongo televisión nacional, y veo al Chavo del Ocho moviendo su dedo índice, y lo relaciono con México, o más bien, relaciono México con el encorvado personaje. Pongo televisión alemana, y aparecen estereotipos rubios tomando cerveza con desenfreno y pantalones cortos. Televisión inglesa, y lánguidos personajes toman té con seriedad. Rusia; narices rojas que sobresalen de un bulto de abrigos y sombreros de piel para protegerse del frío, Francia; Un pálido personaje vestido de rayas llevando una larga marraqueta al paso de su bicicleta.
Cultura Mediática. Es una cultura inmersa en nuestra sociedad global, en que ya sea poniendo un canal, caminando por la calle, prendiendo la computadora, oyendo conversaciones, entrando a una tienda o escuchando una canción, nos llega de forma directa e implícita, y nos forma concepciones inevitables, como asociar países con sus productos mediáticos de exportación. Es una cultura que, con la simplicidad de estar sentada en mi sofá y apretando un botón en dirección a las luces fosforescentes, recibo inconscientemente y luego interpreto, transformándolo en una forma de ser.



Otro entorno mediático (3)

Como humanos somos, en gran parte, lo que el entorno hace de nosotros. Es así como dependiendo cómo sea éste entorno y la cultura mediática que lo componga, va a variar las costumbres y comprensiones de una persona a otra.
Por ejemplo, en Chile existe una tribu urbana muy peculiar llamada “los Pokemones”. Son individuos de clase media-baja que comparten una creencia particular; la de no creer nada. Su nombre deriva del distintivo modo de vestir y peinarse que tienen, en que simulan, con ciertos toques personales, caricaturas japonesas. Usan el pelo negro de forma larga y sobre la cara, chamarras con estrellitas y corazoncitos, ojos delineados de color negro y zapatillas blancas. Lo más importante, es que cada característico outfit debe ser desplegado en solitarias sesiones de fotos en Fotologs.
Esta influencia mediática que la televisión les ha proporcionado, es un entorno particular que hace a cada uno de estos sujetos. Se cree también que, provenientes de clase obrera un poco más privilegiada, son en su mayoría hijos únicos cuyos padres trabajan durante todo el día, no teniendo más opción que sentarse a ver televisión e influirse por sus amistades, que habitan en iguales condiciones, promoviendo la absoluta promiscuidad y deshinibición valórica.
Compran celulares de alta tecnología, para sacarse las mejores fotos, ropa distintiva, aparatos para estar online constantemente, música reggaeton y viven en centros comerciales. No consumen alcohol, cigarros ni ningún tipo de droga, simplemente son una masiva expresión mediática, que vive influenciada por esta, y que, según expertos, no durará mucho tiempo; sino hasta que el medio los haga cambiar nuevamente.